En el sueño que tuve debía subir por una vieja escalera de peldaños de madera crujientes y tal revestimiento en las paredes. Ni feliz ni temeroso iba repitiendo un mantra de superación personal que no recuerdo con precisión, que empezaba con “debo”, por ejemplo “Debo ser resistir a la adversidad”, “Debo ser más discreto”, etc. Pero el listado era tan extenso que lo reduje a una interminable secuencia “Debo, debo, debo…” sincronizada con cada escalón que subía.
Y así anduve por la interminable escalera un tiempo interminable como solo se vive en un sueño hasta que finalmente llegué al final. Pero no era un final cualquiera, sino que al último escalón le continuaba una breve bajada de escalones que llevaba a un corto pasillo con tres puertas. Esta singular arquitectura mantenía oculto al pequeño pasillo que solo era posible ver conforme se llegaba al peldaño final.
Por ahí me deslicé y asomé por la puerta de la primera habitación y me encontré con una muchacha sentada en un apretado pupitre junto a una veintena que miraban, en trance hipnótico, hacia la pizarra. Ante el temor de que advirtieran mi presencia, me fui sigilosamente para que no advirtieran mi presencia.
Pero llegando a la segunda habitación, se anticipaba el rumor de pasos de gente caminando, o bailando, pero sin música. Me asome y la situación era distinta a la de la habitación anterior que era un aula, aquí había mucha gente y alcanzaba a ver cierto movimiento más allá que atraía la atención de todos los presentes que no habían advertido mi llegada. Mientras todos estaban en lo suyo me puse a observar las paredes del recinto y advertí que junto a la puerta de entrada había unas vitrinas de madera y cristal facetado que ponían al resguardo lo que se veía como utilería ritual. Digo utilería porque era notable su material plástico casi de cotillón. Había unos pequeños bastos de material plástico iguales a los de la baraja española, con arabescos exagerados que remataban en diamantes de plástico rojo. Más allá había un cajón y perchero con vestuario. Eran de un látex metalizado y textura similar a la piel escamosa de reptil, por estar en perchas era difícil saber qué representaban. Más allá en un estante estaban las cabezas de ese vestuario porque eran del mismo látex metalizado y era posible ver… que no tenían cara.
Habiendo visto todo lo que tenía por ver, volteé para donde estaba la gente y vi que se habría camino al centro de la habitación una figura enorme con uno de aquellos trajes. Los presentes lo seguían para que les ungiera la frente aquel ministro pagano al que me llevó mi curiosidad. Descubrir el montaje teatral de aquel rito me liberó de todo miedo, pero descubrir el truco tiene el riesgo de dejar de creer en todos los magos
A diferencia de otras épocas, hoy los sesgos ideológicos no desaparecieron: se perfeccionaron.
Ya no se presentan de forma explícita, sino que se esconden —dolosamente— entre varias capas de realidad. Y esto no ocurre por casualidad, sino como resultado de algo muy concreto: el uso sistemático de estudios sobre la conducta humana aplicados al entrenamiento de algoritmos.
No es un problema técnico. Es un problema de dirección.
El mismo sistema GPS que permite orientarnos en una ciudad puede guiar un dron hipersónico de combate.
Del mismo modo, los estudios que prometían mejorar la educación hoy también pueden ser utilizados para intervenir —de manera casi imperceptible— en la toma de decisiones de millones de personas, no se trata de ciencia ficción. Se trata de diseño.
El algoritmo de las redes sociales no es neutral, al formar parte del ecosistema económico, su objetivo no es informar ni acercarnos a la verdad: su objetivo es retenernos, mantenernos dentro. Esa retención es eficaz. anto, que empieza a alterar algo más profundo que nuestros gustos: altera nuestra percepción del tiempo.
Una secuencia constante de estímulos —uno tras otro— comprime los intervalos de reflexión. Reduce el espacio necesario para que aparezca el pensamiento crítico. Todo sucede, pero nada se procesa.
Y en ese punto ocurre algo más, la realidad deja de ser algo que se observa para convertirse en algo que se presenta.
El algoritmo como escenógrafo
Cuando el entorno virtual logra esta anomalía, ya no estamos frente a contenidos aislados, sino frente a una puesta en escena, una construcción narrativa organizada en función de nuestro historial de atención. No vemos lo que es: vemos lo que continúa.
El algoritmo no busca la verdad, busca la continuidad de consumo y para lograrlo necesita algo más que datos: necesita relato.
La fábrica de relatos
Las plataformas saben mucho sobre nosotros, no solo lo que consumimos sino cómo lo consumimos: velocidad, formato, duración, interfaz, momento del día. Esa información no se acumula: se utiliza.
Así se diseñan fórmulas que funcionan y cuando funcionan, se expanden. Lo que empezó como lógica de redes sociales hoy se infiltra en otros espacios: medios tradicionales, vínculos personales, formas de comunicar, incluso maneras de percibir la realidad.
Lo inmediato, lo impactante, lo efímero, deja de ser una característica del contenido para convertirse en una característica del mundo y en ese proceso, la forma empieza a pesar más que el fondo.
Saber esto, por sí solo, no nos protege, la conciencia no alcanza si no viene acompañada de una práctica porque la puesta en escena sigue funcionando incluso cuando sabemos que existe.
Tal vez la clave no esté en desconectarse, sino en aprender a mirar de otra manera.
Algunos indicadores
No son reglas. Son señales. Pequeñas grietas por donde puede filtrarse algo de sentido.
• La repetición del formato
¿Ya viste esto muchas veces? Cambian los temas, pero la estructura es la misma.
• La exageración emocional
¿Busca informar o impactar? ¿Te deja pensando o te empuja a reaccionar?
• La autoridad escenificada
¿La figura impresiona más de lo que demuestra?
• Los símbolos
¿Se recurre a estéticas “místicas”, “científicas” o “reveladoras” sin poner a la vista antecedentes del “profesional”?
• La costura del disfraz
¿Dónde se une el relato con su soporte? ¿Dónde deja de ser fluido y aparece la intención?
En una época saturada de relatos, la libertad no pasa por consumir más información, sino por mejorar la forma en que la vemos. No se trata de desconfiar de todo, se trata de aprender a detectar la puesta en escena y para ello, no hace falta desmontar todo el escenario, alcanza con mirar el cuello (1) del personaje principal.
Marco conceptual y lecturas sugeridas
Sin pretender encasillar el enfoque, algunas de las ideas desarrolladas en este texto dialogan —de manera directa o tangencial— con las siguientes obras y autores:
• B. F. Skinner — Walden Two (1948) / Beyond Freedom and Dignity (1971)
(Condicionamiento conductual y diseño de comportamiento)
• Herbert A. Simon — The Sciences of the Artificial (1969)
(Formulación temprana de la economía de la atención)
• Marshall McLuhan — Understanding Media: The Extensions of Man (1964)
(El medio como estructura que condiciona el mensaje)
• Guy Debord — La sociedad del espectáculo (1967)
(La realidad sustituida por representaciones)
• Jean Baudrillard — Simulacres et Simulation (1981)
(Hiperrealidad y desaparición de lo real tras los signos)
• Erving Goffman — The Presentation of Self in Everyday Life (1956)
(La vida social como puesta en escena)
• Pierre Bourdieu — La distinción (1979)
(Consumo cultural y estructuras simbólicas)
• Noam Chomsky & Edward S. Herman — Manufacturing Consent (1988)
(Construcción mediática de la realidad)
• Roland Barthes — Mythologies (1957)
(Naturalización de construcciones culturales)
• Umberto Eco — Tratado de semiótica general (1975)
(Sistemas de signos y producción de sentido)
• Daniel Kahneman — Thinking, Fast and Slow (2011)
(Sesgos cognitivos y procesamiento mental)
• Jonathan Crary — 24/7: Late Capitalism and the Ends of Sleep (2013)
(Continuidad del consumo y supresión del descanso)
• Byung-Chul Han — La sociedad del cansancio (2010)
(Saturación, rendimiento y agotamiento cognitivo)
• Shoshana Zuboff — The Age of Surveillance Capitalism (2019)
(Extracción de datos y modificación del comportamiento)
• Tristan Harris — (Center for Humane Technology, conferencias y ensayos)
(Diseño persuasivo y ética tecnológica)
• Yuval Noah Harari — Homo Deus (2015) / 21 Lessons for the 21st Century (2018)
(Datos, poder y construcción de narrativas)
