Un tema poco simpático desde la aparición de la Inteligencia Artificial es el anuncio de la desaparición de puestos de trabajo que se suman a las crisis económicas regionales o mundiales. La IA recibe inversiones multimillonarias para seguir desarrollándose mientras muchos aún discuten si es válido usarla. Uno de esos sectores es el de diseño gráfico, un oficio que nace con la reproducción mecánica de los impresos. El término “diseño gráfico” fue acuñado formalmente en 1922 por el tipógrafo William Addison Dwiggins. Más tarde, la llegada de las computadoras personales revolucionó la disciplina en la década de 1980.
Los diseñadores gráficos que temen ser reemplazados por la IA deben saber que esto solo va a suceder si ellos mantienen una postura intransigente. No es el primer embate tecnológico en el oficio, teniendo en cuenta que la llegada del ordenador para aplicaciones en diseño gráfico y preprensa en los 90 barrió con toda una camada de diseñadores de tablero, armadores de avisos con pegatinas de fotocomponedora, autotipias, punteras Rotring, pistoletes y reglas “T”.
De esa generación sobrevivieron los que adoptaron el ordenador, la impresión láser y la fotografía digital, pero el daño colateral fue la notable baja de precios en la mano de obra. Ahora el cálculo tipográfico, las líneas perfectas, la separación de color y el retoque fotográfico no requerían un equipo de maquetadores, tipógrafos, directores de arte ni montadores: lo resolvía una máquina llamada PC o Apple Macintosh, con un operador que al principio compartía oficina entre grandes tableros de dibujo.
Nadie en su sano juicio podría pensar que ese operador podía calificar para ganar un salario equivalente al del equipo que desplazó, mucho menos si el verdadero costo era la inaccesible computadora de 10 mil dólares que el dueño de la agencia de publicidad ponía a su disposición.
Veamos entonces, tenemos un profesional mediado por la tecnología, y la llegada al mercado laboral de miles de competidores, y un empresario que pasa de pagar el sueldo de 5 personas a una sola, joven, con la necesidad de integrarse al mercado laboral a costas de ganar menos salario. Un esquema que se repite hoy con la IA porque es parte del paradigma capitalista: optimizar costos para ser competitivo y disputar eficazmente un espacio en el mercado.
Actualmente, la generación de diseñadores gráficos que no vivió el cataclismo que eliminó a los diseñadores analógicos parece no ser consciente del lugar que ocupan en la cadena alimentaria de la IA, protegiéndose con la misma ilusión de sus ancestros desaparecidos cuando dicen “somos mejores que la IA, no nos puede reemplazar”, cuando deberían decir “somos más caros que la IA, nos van a reemplazar”.
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Antes de entrar en la desazón del condenado a muerte, en vez de creerse indispensables en un contexto regido por las leyes del mercado, deberían ver el problema como los sobrevivientes a la era de la digitalización: adoptando las posibilidades de la IA, aceptando la baja de costos y la desaparición de roles y oficios, tal como sucerdió con los tipógrafos, negativistas, armadores, etc. de la prehistoria gráfica reciente.
Antes de que el cliente aparezca con sus bocetos de IA para modificar manos de 6 dedos, tipografías neutras, colores lisérgicos e iluminación poco natural, prepará el tuyo con la IA y ahorrá el tiempo de modificar la bazofia que trajeron.
Ganarás un poco menos pero evitarás las modificaciones que llevan más tiempo que empezar de cero
Bajar el precio a fuerza de tecnología es algo que se repite a través de la historia de la humanidad, hoy todos usamos un puente para no tener que atravesar a nado un río, o viajamos en automóvil en lugar de caminar o andar a caballo. Usar la IA es parte de lo mismo, solo hay que adaptarse y adoptarla.
Aníbal Rodríguez
Licenciado en Gestión del Arte y la Cultura. Director de Cuídate Cultura. Autor de “Arte y tecnología” y “Economía de la atención e intoxicación digital”.
