Músicos en diálogo

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Dos músicos frente a frente, Manuel Lavandera – Nicolás Bergaglio, dos generaciones en diálogo. Por un lado la experiencia, por otro, un camino que se abre lleno certezas e incertidumbres.

Manuel Lavandera está en Madrid; yo acá en Buenos Aires; nos separan 10 mil kilómetros y una generación. Él creció escuchando en vivo a los que hoy yo conozco por Spotify. No nos conocemos, nunca hablamos, sin embargo tenemos muchas cosas en común: somos músicos.

Como artista ante mí se abren un sin número de posibilidades que se acompañan de preguntas existenciales que me debo responder;

¿Cómo ve la sociedad al músico?, ¿su función es entretener? ¿Es más importante ser académico o popular? ¿Puede la música influir en una sociedad? Su proyección, cualidades estéticas, impronta, ideas, diseños y características sonoras, ¿son cuestiones trascendentales o parte de la moda?

Manuel Lavandera es un referente argentino de la música con amplia trayectoria nacional e internacional; proviene de una familia de músicos sobresalientes y conocidos en el ambiente desde varias generaciones. Residente en Madrid, España. Guitarrista y compositor, acompañante de otros instrumentistas.

Cabe mencionar que sus trabajos involucran la composición e interpretación de bandas sonoras de films y documentales de la productora La Nave (Madrid), y haber trabajado bajo la dirección del maestro Mariano Tito. Además, se adjudica un desempeño como guitarrista en el Quinteto Juan Esteban Quacci. Por si fuera poco, su repertorio actual incluye, en otras iniciativas, música folklórica latino americana y judeoespañola con “Madre Tierra”.

Abordamos en primera instancia el por qué o para qué hacer música. ¿Qué es lo que la música puede dar? Desde el Viejo Continente, Lavandera responde:

“En mi caso particular y creo que es común a tantos músicos que he conocido a lo largo de mi carrera, la motivación es hacer música y gozar ese momento. Esa buena vibra se transmite y se multiplica en el público. Es una comunión que contribuye a hacer algo positivo en el conflictivo mundo que nos toca transitar.”

Pensando en su respuesta, imagino que, siendo la música portadora de cierta energía transformadora, probablemente tenga relación directa con la “inspiración”, una suerte de iluminación disruptiva que excede estructuras y normativas técnicas del arte (como la armonía, el contrapunto, etc.) que obligan a seguir una lógica compositiva.

Dice Lavandera:

“La inspiración se da muchas veces trabajando. No lo pienso como un hecho mágico, sino como el resultado de un proceso a nivel inconsciente. Dominar cuestiones técnicas y musicales favorece la inspiración. Hay técnicas de composición que aportan muchos elementos inspiracionales. El talento se construye a partir de esas prácticas, de otro modo se llega a sus límites rápidamente”.

Y en relación a su poder transformador, creo que la música puede experimentarse como un hecho de comunión social y en un punto, chamánico si se reconoce su poder sanador del alma”.

El término “armonía”, vale la pena comentarlo, significa en un sentido “paz”, y se aplica en la música a las superposiciones de notas, a las relaciones entre acordes y enlaces entre sí en pos de lograr una sonoridad agradable para el oído humano. Lo “agradable” es relativo, es una convención universal, pero es de utilidad la intención que comenta Lavandera de alcanzar el estado de goce estético y transmitirlo, dejarse integrar con el público y alcanzar un momento de comunión. Ese momento tan especial sería “armonizarnos” entre nosotros.

Como ser complejo, el ser humano puede alternar entre instinto y razón. A raíz de esto mismo, pregunto por la improvisación musical por ser un contrapunto entre lo racional y el instinto. En mi opinión es un acto experimental, ya que implica ser hábil para la soltura y la espontaneidad. No es fácil como parece ni es algo que logre hacerlo cualquiera; las más famosas improvisaciones se dan en los solos guitarrísticos de rock, heavy metal, blues, y jazz y en los “rapeados”, en donde el vocalista no canta, sino que recita, porque no existe melodía al no haber notas ni alturas. Sea una melodía, un riff, solo de guitarra o un ritmo, al improvisar se deambula por los sonidos manejando su orden y duraciones sin tener nada estipulado, diría sin tener nada compuesto. Sin embargo, el ser humano limita esta libertad enmarcando la improvisación dentro de ciertos parámetros importantes, como lo son la armonía, el pulso y la métrica. Usualmente, entre los músicos o compositores solemos decir “improvisemos sobre tal tonalidad”, “toquemos un solo sobre tal escala o sobre tal base armónica” o “vamos a cantar, payear o rapear sobre tal base beat o base rítmica”. Improvisar no significa hacer lo que sea. Hay que saber cómo y dónde hacerlo. Se permite improvisar con libertad siempre y cuando no se rompan las reglas del sistema establecido ni nos desviemos de él mediante elementos ajenos o “alienizados” que no le correspondan. Mediante este complemento, me surge la duda si muchas composiciones se habrán construido con cimientos de prácticas improvisadas…

¿Es un buen entrenamiento la función del improvisador? ¿Improvisar es también componer? A continuación, la opinión de Lavandera:

“Improvisar es improvisar y realmente existe la improvisación cuando no hay nada establecido de antemano. Alguien que viene tocando toda su vida blues no improvisa. Repite fórmulas y vive la impronta del momento. Las músicas tienen un abecedario y si te metes en eso llega un momento en que solo repetís cosas aprendidas en otros momentos. La improvisación es mucho más que eso. Lo imprevisto, es eso, la sorpresa ante lo desconocido y tener que hacer algo al respecto”.

Yo veo a la improvisación como el desafío de componer en el mismo momento; y acuerdo con Lavandera en que plantarse frente a lo imprevisto es la gracia del juego. Añado que el improvisar, tratándose de esta manera, refuerza nuestra capacidad de solucionar inconvenientes técnicos, compositivos o errores a veces inevitables. También es una excelente virtud poder desenvolver la creatividad espontáneamente.

En mi opinión, el músico necesita ser audaz. En la música hay reglas establecidas, muchas de ellas desde varios siglos atrás. La figura del músico audaz es el vanguardista innovador, el que busca romper los esquemas para descubrir posibilidades más allá. Le consulté a Lavandera si comparte la idea de que mantenernos dentro del abecedario que él mencionó, es una limitación para crecer musicalmente. Al respecto declara:

“Bueno, hay gente que recrea todo el tiempo sobre algo establecido y tiene la capacidad de hacértelo pasar bien. Por eso hay grandes músicos dentro de los estilos. Después, muchos son muy aburridos y malos. Ahora está muy de moda el hecho de improvisar y se sobrevalora a cualquiera que lo haga. Hay muchos músicos famosos que han caído en eso y sin embargo son malos improvisadores. O muy limitados”.

Expongo que es muy difícil lograr la originalidad propiamente dicha sobre lo ya establecido para lograr “algo distinto”. Lo digo por experiencia al intentar componer algo.

Respecto a improvisar, por ejemplo, reconozco mis limitaciones al solear con la guitarra, el teclado o el piano. Siento que mis solos no son lo suficientemente fluidos, porque pienso en la base armónica de fondo y necesito responder a esas funciones. Sin embargo, con otros instrumentos como la flauta, el sikus o la armónica, me resulta mucho más fluido todo, aunque no sé por qué. De cualquier modo, jamás me llamaría improvisador. Es verdad lo que dice Lavandera en cuanto al considerar a un músico como buen improvisador cuando no lo es, debido a que quizás no tiene las herramientas para hacerlo o las habilidades justas para matizar y colorear su sonoridad momentánea, para que parezca realmente original. La diferencia entre un buen improvisador y un mal improvisador es notoria, si prestamos atención. Para completar, Lavandera aporta:

“Bill Evans por ejemplo era un gran compositor de sus supuestos solos. Y llega un momento en que ninguno improvisa “improvisadamente”. Te das cuenta cuando oís mucho a algunos artistas y descubrís de antemano los caminos que van a tomar en su solo. Luego, con esos recursos que consideran musicales, los trasladan a su técnica instrumental para armar su estilo propio y se la pasan prácticamente toda su vida desarrollando eso que encontraron. Por eso considero que “improvisar” es un término relativo al no usarse en un sentido estricto”.

Componer requiere mucho más trabajo. Una composición es algo que tiene un gran trabajo racional al que se suma una parte inconsciente “inspiracional”. Y lo que busca el músico es desarrollar una idea determinada con poco o nada de azar.”.

Muchas gracias, Manuel, es algo admirable, ser consciente de las posibilidades creativas que se nos presentan desde la perspectiva del músico. Partiendo del hecho de que somos mente y espíritu, para luego decidir cómo y para qué los somos; hacia dónde queremos llegar y hacerlo de la manera más satisfactoria para nosotros mismos. Y decidir nosotros mismos si somos aptos para ello, desafiando las exigencias de la industria y del mercado artístico.

Un llamado para cerrar esta nota: seamos músicos unidos, valoremos lo nuestro y lo ajeno, respetemos, todo el esfuerzo, y luchemos por un cambio favorable en las reglas de producción para vernos como artistas, agentes transformadores de almas o en su defecto, lo que queramos definirnos.

Nicolás Bergaglio

Nicolás Bergaglio, es estudiante de la licenciatura de Música en la Universidad de Tres de Febrero (UNTREF).
Es músico y compositor. Participó como músico invitado de numerosas bandas de Tres de Febrero y proyectos de música contemporánea.
Colabora en los ciclos de música contemporánea de la UNTREF como músico y compositor.

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