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Para no suicidar a Van Gogh. 4ta parte: LA ECONOMÍA.

Artaud dice: “No he querido convertirme en un resignado”[1].

“Irrumpo, recomienzo, inspecciono, engancho, rompo el sello de clausura, mi vida muerta no oculta nada, por lo demás, nunca ha hecho daño a nadie; lo que me impele a retornar a lo interno es esa desoladora ausencia que pasa y me hunde por momentos, pero veo claro en ella, muy claro, hasta sé qué es la nada, y podría decir qué hay en su interior.

Y tenía razón Van Gogh; se puede vivir para el infinito, satisfacerse solo con el infinito, pues hay suficiente infinito sobre la tierra y en las esferas como para saciar a miles de grandes genios, y si Van Gogh no llegó a colmar su deseo de iluminar su vida entera con él, fue porque la sociedad se lo prohibió.

Se lo prohibió rotunda y conscientemente”[2].

Dice el Evangelio según Lucas: “Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía”[3].

Esa fe antigua y profunda de que es posible darse ilimitadamente a la Obra, de que no hay necesidad de depender de la suerte y ni siquiera de un orden estatal generoso. Se trata de la fe en que la Naturaleza responde al que ha aprendido a andar por encima del mundo, y este andar se forjará de a saltos y gritos y desesperaciones y de a arraigos en la luminosidad de un amor inconfesable. En el clímax conjunto de la convicción y la duda, se recibirá tal vez una gracia, un carisma de lo alto, una autoridad sobre el dominio de la belleza. Y la red estará que se rompa de tanto pez atrapado. Se puede vivir para el infinito, bienvenidos los que no se resignan, los que ven el Absurdo como una entrada a la realidad más primordial y efectiva, y la Superflua Realidad como un sendero dañoso.

Artaud sabe qué es lo que hay en el interior de la nada, y él como Van Gogh y como ese pescador que dice “pero en tu palabra echaré la red”, saben que hay suficiente infinito sobre la tierra y el cielo como para saciarlos; sería preciso tan solo entrar en alineación con el Sentido, con el gran sentido íntimo de las cosas, con la voz del Maestro.

Pero, ¿qué hacer con la sociedad si ella prohíbe rotunda y conscientemente la divina aspiración de un Van Gogh? ¿Qué hacer sino luchar y resistirse? ¿Cómo luchar si no es ardiendo en la esperanza de tocar lo infinito, dándonos de lleno a la Obra aunque tengamos que echar toda la noche redes que subirán vacías y estaremos exhaustos pero en algún óptimo segundo se oirá esa Voz, la indicación para un último intento, en el espacio y en el tiempo de la sacralidad, allí donde abundancia material es igualmente Poesía, y la poesía es haber puesto en ridículo al mundo?


[1] Del ensayo Antonin Artaud el enemigo de la sociedad, de Aldo Pellegrini.

[2] Del ensayo Van Gogh el suicidado por la sociedad, de Antonin Artaud.

[3] Cap. 5, vv. 4-6, de Versión Reina-Valera 1960.

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