Diversión ilegal: carrera de galgos

Como venimos desarrollando en los artículos anteriores, son variadas las formas en que la humanidad se relaciona con la naturaleza y en particular hemos destacado el proceder hacia las “mascotas”.

En referencia a esto último, habíamos resaltado también que ese comportamiento puede derivar en ciertas conductas viciadas (la mascota como objeto suntuoso, o de entretenimiento) que atentan de forma directa o indirecta, contra el núcleo mismo de esa coexistencia, violentando el devenir de la vida del animal. Es así que, de esa relación viciada surge un tipo de vínculo basado en el usufructo, beneficio o ganancia monetaria.

Las carreras y riñas ilegales, la crianza en condiciones paupérrimas, etc. Son algunas de las actividades que se siguen al postulado anterior, pero en este artículo daremos cuenta de la relación despótica que existe entre los perros de tipo galgo y la figura del “galguero” quien ejerce la explotación en esta sujeción para usufructo propio de una manera criminal que prevalece hoy día.

Mientras no medie cierto grado de responsabilidad basada en la empatía hacia otros seres vivos, el galgo como cualquier otra mascota, suele ser tomado como objeto de esparcimiento o, en el peor de los casos, generador de capital.

Las cifras al respecto son esclarecedoras. En Argentina, más precisamente en Buenos Aires, una carrera de galgos congrega a miles de personas y es en ese contexto en donde las apuestas ilegales pueden llegar a generar entre 300 mil y un millón de pesos por jornada. Para ser más exactos, estos encuentros generalmente se realizan los fines de semana, entre las 10 de la mañana y las 13 horas. En ocasiones se hacen más extensos, hasta las 16 o 17 horas, debido a los premios que se disputan y los montos que alcanzan estas competencias. En promedio, las convocatorias suelen reunir desde 100 hasta 400 personas, aunque según palabras de los propios organizadores hay festivales en los que llegan a citar hasta 15 mil concurrentes. A razón de cien pesos sólo por la entrada, los ingresos se traducen en el mejor de los casos hasta en un millón quinientos mil pesos.

A esto hay que sumarle el botín de las apuestas que levantan los “pasadores oficiales”. El sistema de apuestas es siempre el mismo: hay una persona designada que va cantando los nombres de los perros y el público compra su boleto de diez, quince, veinte o cien pesos. Si gana, se lleva lo que apostó multiplicado por la cantidad de perros que corrieron. El 20% del pozo queda siempre para el organizador.

Un galgo en condiciones habituales desarrolla una velocidad de sesenta hasta setenta kilómetros por hora. En estas competencias, para lograr hacerse con los premios, el uso de sustancias ilegales para incrementar el rendimiento y volverlos más competitivos es muy frecuente.

Las carreras legales en muchos lugares del mundo están siendo cuestionadas e incluso prohibidas.

Las carreras se dividen por categorías a las que llaman “destreza”. Hay destreza inicial, súper baja, baja, destreza 00 o destreza 4, en las que los galgos corren 175 y 200 metros. También está el campeonato de “furia”, donde la pista se acorta a 125 o 150 metros. Los galgos que no llegan a cumplir con este cometido de ser competitivos, son descartados. La manera de eliminarlos es simple, abandonarlos en las rutas o directamente matarlos. También son descartados los que han llegado a una etapa de madurez que les impida seguir en la competencia.

El contexto en el cual se desenvuelven las carreras de galgos es lúgubre y denso. Todos los involucrados en estas prácticas ominosas están movilizados con obcecación en un único objetivo, ganar plata rápido. En estos canódromos se aglutinan una cantidad de agentes sociales de naturaleza “border”. Es así que, en estos círculos se pueden encontrar piratas del asfalto, narcotraficantes, cuando no funcionarios policiales, que además de apostar, en el interior del canódromo cumplen la misión de ser el personal de seguridad para los galgueros.

Marta Wagner, quien preside la Asociación para la Asistencia al animal abandonado, enterada de los sacrificios que se realizaban en las mismas carreras, efectuó la denuncia correspondiente que prevé la Ley 27330 sobre las carreras ilegales pero todo terminaba cajoneado en las mismas comisarías. Ante esta situación optó por llevar su denuncia a las fiscalías de turno sin mayores resultados, al contrario, recibió amenazas anónimas y atentados contra su vivienda.

A todas luces, es evidente los intereses insondables que se afectan al querer erradicar estas prácticas mafiosas de trama secreta a viva voz.

Hay una ley, pero ¿Es suficiente?

Parece que no, aunque “peor es nada”. ¿Cómo se entiende que una sociedad clame por un problema, logre crear una ley y sean las propias autoridades que no la hagan cumplir?
Si el caso se analiza desde lo cultural, es posible comprender su complejidad y pensar una estrategia eficaz para abordar el problema.

El espacio social que habitamos, según el concepto de “Habitus” (1) de Pierre Bourdieu, hace que las personas de un entorno social tiendan a compartir estilos de vida parecidos, pues sus recursos, estrategias y formas de evaluar el mundo son parecidas; ese espacio social constituye una estructura que nos organiza, y sin saberlo (o sin querer saberlo) nos convierte en un eslabón más.

Una ley que se cumpla puede alterar la “estructura estructurante” que cita Bourdieu, pero cuando lo que regula está naturalizado, es decir que forma parte de su cultura, debería estar acompañada por una intervención en políticas educativas y de difusión con el objetivo de cambiar costumbres y consumos culturales nocivos desde muchos lugares en donde se forma al ciudadano.

(1) Pierre Bourdieu, sociólogo francés, quien desarrolló teorías y conceptos brillantes.
http://www.nocierreslosojos.com/bourdieu-pierre-habitus/


Blas Fernandez Larriera, es Técnico en Gestión cultural UNTREF (Buenos Aires, Argentina)
Voluntario en el refugio de caninos El Palomar Refugio (Pdo. De 3 de febrero, Buenos Aires)


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10 thoughts on “Diversión ilegal: carrera de galgos

    1. Gracias Marilu por tu tiempo y tu comentario. Esperemos que las próximas notas sean de tu agrado y podamos contar con tu opinión.

  1. Muy buena la info.desconocia la crueldad a la q son sometidos estos animales castigados por sus dueños .Me gustó la nota

    1. Muchas gracias Fabi por tu comentario. Deseando que la próxima la nota, despierte también tu interés. Gracias por tu tiempo.

  2. Excelente nota!! Creo que deberia haber mas difusion y deberian ser mas severas las penas para los galgueros…nunca fue ninguno preso!!! Y ademas desde los municipios tendrian que garantizar algun lugar donde puedan recuperarse. Es muy dificil sacarlos del circulo de quienes los maltratan y a veces quienes los rescatan corren riesgos porque es una verdadera mafia y mueven mucho dinero. GALGOS LIBRES!!!!!

    1. Hola Cecilia, muchas gracias por tu comentario. Y estoy en acuerdo con las falencias que marcas, y que aun culturalmente como estructuralmente, estamos alejados de condiciones dignas. Saludos.

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